Hola, ¿alguna vez has oído hablar de los Atlantes? Sí, esos míticos habitantes de una antigua civilización que, según cuentan, alcanzaron alturas de espiritualidad y sabiduría que ni siquiera podemos imaginar hoy en día. ¿Te has preguntado cómo lo hicieron? Bueno, eso es exactamente lo que vamos a explorar en este artículo.
Los Atlantes no se convirtieron en divinidades por casualidad ni por medio de rituales externos. Más bien, pasaron por un proceso interno de transformación y autodescubrimiento. Sí, eso es correcto. Se convirtieron en divinidades explorando su propio interior. Suena fascinante, ¿verdad?
Pero eso no es todo. Lo que es aún más interesante es cómo su búsqueda de la divinidad afectó la manera en que los humanos entendemos y nos relacionamos con lo divino. De hecho, esta búsqueda ha influido en nuestras estructuras sociales y culturales de formas que ni siquiera nos damos cuenta.
Entonces, ¿estás listo para adentrarte en este fascinante viaje al mundo de los Atlantes y descubrir cómo se convirtieron en divinidades? ¡Vamos a ello!
La Búsqueda de la Divinidad y su Relación con la Biología Humana
¿Te has preguntado alguna vez por qué los humanos parecemos estar siempre buscando algo más grande que nosotros mismos, algo divino? Bueno, resulta que hay una razón biológica para ello.
Los Atlantes creían que todos los seres de nuestro planeta, humanos incluidos, están biológicamente programados para buscar la luz, la divinidad. ¿Por qué? Bueno, piénsalo. Siempre estamos bajo el sol, y este siempre está por encima de nosotros. Entonces, en nuestra mentalidad, lo divino a nuestro entender debe estar también por encima de nosotros.
Pero no es solo el sol lo que nos lleva a buscar la divinidad. Resulta que nuestro estatus como mamíferos juega un papel en ello. Como mamíferos, tenemos una tendencia natural a buscar líderes, alguien que nos guíe y proteja. Esta necesidad de liderazgo ha llevado a la creación de jerarquías en nuestras sociedades, y a menudo colocamos a lo divino en la cima de estas jerarquías.
Ahora bien, eso no significa que consideremos a todos los seres como divinos. En realidad, tendemos a asociar la divinidad con la luz y el brillo del sol, y por extensión, con los seres que son activos durante el día. Los seres que están activos durante la noche, por otro lado, suelen ser vistos como seres de la oscuridad, del mal. ¿Por qué? Bueno, históricamente, la noche era un tiempo de inseguridad para los humanos. No podíamos ver bien, y cualquier ruido desconocido era aterrador. De ahí que asociáramos la oscuridad con el mal.
Entonces, esta búsqueda biológica de la divinidad, ya sea a través de la luz del sol o de los líderes de nuestra manada, ha influido en gran medida en la forma en que nuestras sociedades y culturas se han organizado a lo largo del tiempo. Y aunque este patrón es antiguo, está tan arraigado en nosotros que parece que no podemos deshacernos de él.
El Proceso de Transformación de los Atlantes
Ahora que hemos hablado de cómo los humanos buscan la divinidad, hablemos de cómo los Atlantes se transformaron en divinidades.
La transformación de los Atlantes en divinidades no fue un proceso rápido o fácil. No se trataba de encontrar la divinidad en el exterior, sino de convertirse en la divinidad desde el interior. ¿Y cómo hicieron eso? Bueno, los Atlantes creían que la divinidad está dentro de nosotros, en cada fragmento de nuestro cuerpo, en cada célula de nuestra biología molecular.
Por lo tanto, los Atlantes buscaron la divinidad no sólo en el sol, sino también en la célula, en su propio cuerpo. Creían que la información estaba dentro de nosotros, en el agua de nuestro cuerpo y en nuestra sangre. Si en la sangre estaba el agua, entonces la información, la verdad, estaba dentro de nosotros.
Entonces, en lugar de buscar la divinidad en el exterior, como solemos hacer los humanos, los Atlantes trataron de convertirse en la divinidad. De esta manera, no habría nadie por encima de ellos, simplemente se convertirían en el centro de todo. Pero para hacer eso, tenían que dejar de seguir a los demás y olvidarse de que las respuestas están en los demás o en el sol, tenían que estar dispuestas a dejarlo todo, a renunciar a todo, para convertirse en todo.
Concepto de Divinidad y la Conexión con la Naturaleza
Para los Atlantes, el concepto de divinidad estaba muy ligado a la naturaleza. Creían que la divinidad se había fragmentado en la realidad y que cada uno de nosotros, cada animal, cada río, cada montaña, cada árbol, tiene una parte de la divinidad en su interior.
Por lo tanto, si querían convertirse en esa gran divinidad, tenían que unificar todos esos fragmentos de divinidad dentro de ellos mismos. Tenían que despertar el potencial de cada ser, de cada elemento de la naturaleza en sí mismos. El potencial del árbol, del lobo, del río, del ave, de la montaña, todo eso debía estar en ellos.
¿Te imaginas eso? Tratar de despertar el potencial de cada ser y de cada elemento de la naturaleza en ti mismo. No es una tarea fácil, ¿verdad? Pero para los Atlantes, eso era precisamente lo que significaba convertirse en una divinidad.
Para poder lograr esto, los Atlantes tenían que entender cómo estaba construido el universo. Los sumos sacerdotes, que eran como sus maestros, trataban de enseñarles a los aprendices a convertirse en un idilien (un grupo selecto de personas que buscaban convertirse en divinidades) cómo funcionaba todo en el universo.
Ahora bien, entenderlo todo no significaba hacerlo todo. Había sacerdotes que podían enseñar todo lo que sucede en el universo, pero no podían convertirse en el universo. Y había otras personas que podían convertirse en el universo, aunque no entendieran todo. Por lo tanto, el conocimiento no era lo mismo que la sabiduría.
Sabiduría y la Duda
Diferenciar el conocimiento de la sabiduría es fundamental. Los Atlantes entendían que el conocimiento se adquiere a través del tiempo, del espacio, de la práctica, de la experiencia, de la lectura, de escuchar, de observar. Por otro lado, la sabiduría surge desde el interior, no se absorbe del exterior. Está en nuestro código innato de interpretar la realidad.
Un sabio no necesita la verdad de otros. Acepta todas las verdades y las comparte porque sabe que son parte de él. La clave para despertar la sabiduría, según los Atlantes, estaba no en la certeza sino en la duda. Aquí es donde la educación del sumo sacerdote desempeñaba un papel crucial.
La duda se convertía en una herramienta de enseñanza, ya que el universo no tiene certezas. El universo se cuestiona constantemente, y es por eso que siempre está buscando perfeccionarse y transformarse. Siempre estamos evolucionando en el universo. No existe una perfección definida; somos nosotros quienes creamos la perfección.
Por eso, la duda y la incertidumbre eran claves fundamentales para entender que el perfeccionamiento del universo no estaba en querer imitar lo que existe, sino en trascender lo que existe. La clave de despertar la sabiduría estaba en la duda, en querer aprender, en querer cuestionar y cuestionar lo que aprendiste. No quedarte con nada como una verdad absoluta, sino siempre dudar, incluso de ti mismo, para poder perfeccionarte a ti mismo.
Las Nueve Dimensiones del Universo
Los sacerdotes atlantes tenían una forma especial de ver el universo: lo dividían en nueve dimensiones. Cada una de estas dimensiones representaba una perspectiva diferente del universo, y todas ellas surgían de la conciencia divina del ser universal que se observa a sí mismo.
Los atlantes entendían el universo como un ser que respiraba, que se inspiraba hacia adentro contemplando su interior, y exhalaba sus posibilidades hacia afuera. Estas tres «respiraciones» generaban tres trinidades fundamentales:
- Cuando el universo inspira, reconoce que en su interior existe amor, sabiduría y voluntad.
- Al contemplar, puede observar todas las líneas del tiempo: futuro, presente y pasado.
- Al exhalar, genera la realidad a través de la vibración, la energía y la materia.
Estas tres trinidades se combinan para crear nueve dimensiones que nutren y generan la idea de todo lo que existe en el universo.
El concepto de las nueve dimensiones es bastante profundo y complejo, pero una vez que empiezas a entenderlo, puedes ver cómo se relaciona con la idea de la divinidad y la búsqueda de la iluminación.
El Camino de la Encarnación de la Divinidad
El camino hacia la divinidad no era un camino de búsqueda externa para los Atlantes. En lugar de buscar la divinidad en alguna entidad o ser externo, los Atlantes buscaban convertirse en la divinidad misma. La clave para esto era comprender que el universo y todo lo que existe en él no son más que ecos de una única fuente.
Para los Atlantes, no existían jerarquías de divinidad. Dios, serafines, querubines, arcángeles, potestades, todos eran simplemente reflejos de una misma energía subdividiendose entre sí. Se trataba de entender que cada aspecto de uno mismo es simplemente un eco de la divinidad.
Para alcanzar este estado de ser, los Atlantes se adentraban en lo que ellos llamaban el «salón de los espejos». En este lugar, en la plena oscuridad, se reflejaban en todos los seres que eran en otras dimensiones. Este proceso de reflejarse y reconocerse en los demás era lo que permitía a los Atlantes convertirse en dioses y diosas.
Este camino de transformación no era fácil. Implicaba un arduo trabajo de autoexamen y purificación. Requería mucha introspección, trabajo interno y limpieza de viejas creencias y patrones. Pero el resultado era la capacidad de ser un canal para la divinidad, de permitir que la divinidad descienda y habite en uno mismo.
El Rol de la Sexualidad y el Arte en la Canalización de la Divinidad
La sexualidad y el arte eran dos herramientas esenciales en el proceso de canalización de la divinidad para los Atlantes. Podrías estar pensando, ¿cómo es posible que la sexualidad y el arte tengan algo que ver con la divinidad? Pero permíteme explicarlo.
Piensa en la sexualidad no solo como un acto físico, sino como una forma de expresión, una manera de liberar y compartir energía. Para los Atlantes, la sexualidad era una herramienta para permitir que la energía divina fluyera a través de ellos. En lugar de reprimir la sexualidad, la celebraban y la usaban como una herramienta para conectarse con la divinidad.
De igual forma, el arte, ya sea a través del baile, el canto, o cualquier otra forma de expresión artística, era una forma de liberar la energía y permitir que fluyera la divinidad. A través del arte, los Atlantes podían expresar su interior, liberar sus emociones y canalizar la divinidad.
Por lo tanto, la sexualidad y el arte no eran tabúes para los Atlantes, sino herramientas vitales para convertirse en dioses y diosas.
El Camino Iniciático y el Trabajo de Auto-transformación
Para los Atlantes, el proceso de convertirse en una divinidad no era algo que ocurriera de la noche a la mañana. Requería un camino iniciático, un viaje de auto-transformación que incluía tanto el trabajo interno como el externo.
El camino iniciático comenzaba con la transformación del cuerpo. Los Atlantes aprendían a analizarse constantemente, a ponerse a prueba, a moldear su cuerpo para convertirse en algo nuevo. Este proceso involucraba una forma de biodecodificación constante, en la que cada creencia, cada patrón arraigado en las células del cuerpo, era examinado y transformado.
A través de este proceso, los Atlantes aprendían a liberarse de las limitaciones de su propio ser, a permitirse ser todo y nada a la vez. Aprendían a cambiar su forma de pensar, a deshacerse de viejas creencias y perspectivas de la realidad, y a abrirse a nuevas formas de ver y entender el mundo.
Este proceso requería mucho trabajo, dedicación y, a menudo, enfrentarse a partes de uno mismo que podrían ser incómodas o difíciles de aceptar. Pero el resultado final, el de convertirse en una divinidad encarnada, bien valía el esfuerzo.
Los Templos de Luz y la Canalización de la Divinidad
Los Atlantes construían templos físicos, sí, pero estos templos no eran simples edificaciones de piedra y metal. Eran mucho más que eso. Eran Templos de Luz, representaciones físicas de estructuras espirituales y energéticas que conectaban con dimensiones superiores.
Estos templos se diseñaban siguiendo códigos y patrones precisos que permitían alinear las energías terrestres con las celestiales. Servían como puntos de encuentro entre la Tierra y el Cielo, entre lo humano y lo divino.
Pero, más que lugares de culto, estos templos eran herramientas de transformación. Servían como espejos que reflejaban la divinidad inherente a cada ser humano, como portales que permitían al espíritu descender a la materia.
Dentro de estos templos, los Atlantes realizaban prácticas y rituales diseñados para canalizar las energías divinas. Aprendían a sintonizar su propio ser con las frecuencias de estas energías, a resonar con ellas, a ser un canal a través del cual la divinidad podía manifestarse en el mundo físico.
La canalización: Un puente cósmico
Imagínate por un momento que eres un antiguo habitante de la Atlántida. Caminas por las calles de piedra brillante, ves los templos majestuosos y sientes el pulso vibrante de la energía que fluye a través de todo. Y en medio de todo esto, tienes una habilidad especial: la canalización.
No, no estoy hablando de canales de agua o de televisión. La canalización aquí es algo completamente diferente. Es una especie de puente cósmico, un vínculo entre nuestro mundo y otros planos de existencia. Como un radio que sintoniza las frecuencias cósmicas, los Atlantes podían ‘sintonizar’ con seres de otros planos y recibir su sabiduría e información.
Pero convertirse en un canal no era algo que simplemente ocurría. Requería un cambio profundo, una transformación total. Había que soltar todo lo que se conocía y se creía, liberarse de las cadenas del prejuicio y la mentalidad limitada. Había que abrirse a nuevas formas de pensar y sentir, y preparar el cuerpo para ser un conductor de estas energías e informaciones superiores.
Imagina lo que sería sentir cómo la sabiduría del universo fluye a través de ti, cómo las palabras de seres de otros planos llegan a ti, llenándote de conocimiento y entendimiento.
En el Corazón de la Atlántida: Una Reflexión Final
Hemos viajado juntos a través del tiempo y el espacio, explorando las profundidades de la antigua Atlántida. Con cada paso, hemos desentrañado sus misterios, comprendido su sabiduría y sentido la resonancia de su legado en nuestros corazones. Desde la conexión con la divinidad hasta la formación de jerarquías; desde la búsqueda de la luz hasta el viaje de la transformación personal; cada aspecto ha revelado una nueva capa de entendimiento sobre la espiritualidad y la divinidad.
Pero, ¿qué nos llevamos de todo esto? ¿Cómo cambia nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos?
Lo que nos enseñan los Atlantes es que la divinidad no es algo que está «allá afuera», separado de nosotros, sino algo que reside en cada uno de nosotros. No es un estado al que debemos aspirar, sino un potencial que ya poseemos y que sólo necesita ser despertado.
Al canalizar la energía divina, al permitirnos ser transformados por ella, al entregarnos a la danza cósmica de la vida y la existencia, podemos convertirnos en versiones más elevadas de nosotros mismos. En esencia, podemos convertirnos en nuestra propia divinidad.
Y aquí radica una lección vital para nuestras vidas y sociedades de hoy en día. En lugar de buscar fuera de nosotros mismos para encontrar la verdad y la iluminación, podemos buscar en nuestro interior. En lugar de depender de los líderes y las jerarquías para guiarnos, podemos tomar las riendas de nuestra propia vida y ser nuestros propios guías.
Al final del día, el camino de los Atlantes hacia la divinidad no es más que un espejo del viaje que todos debemos emprender. Es un recordatorio de que cada uno de nosotros es un hilo único en el vasto tapiz del universo, y que cada uno de nosotros tiene el potencial de brillar con luz propia.
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